Ankara caldea el Mediterráneo oriental con nuevas prospecciones

Ankara caldea el Mediterráneo oriental con nuevas prospecciones

Chispas con la marina griega cerca de la isla de Castelórizo, pegada a Turquía.

Ankara vuelve a caldear el Mediterráneo oriental con el envío de un buque de prospección de hidrocarburos a aguas que nadie más reconoce como turcas. La mediación telefónica de Angela Markel evitó, o por lo menos aplazó, el martes por la noche, que saltaran chispas entre los ejércitos de Grecia y Turquía.

Estos últimos habían emitido el aviso a navegantes de que el Oruç Reis realizará hasta el 2 de agosto estudios sísmicos entre Creta y Chipre, al sur de las islas de Rodas, Cárpatos y Castelórizo. Una notificación que coincidía con la visita a Atenas del ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas.

La UE agita sanciones contra Turquía si no cesa su exploración unilateral en aguas griegas o chipriotas

La marina griega está desde entonces en alerta en el sur y sudeste del Egeo y “preparada para responder a cualquier actividad”, según un portavoz, en aguas que considera de jurisdicción griega.

Atenas no está sola. Tomando como base la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, son aguas griegas. Por lo que Turquía es de los pocos países no signatarios.

Tampoco la UE piensa abandonar a Grecia y Chipre. Anteayer, Angela Merkel medió in extremis entre Recep Tayyip Erdogan y Kyriakos Mitsotakis. Mientras, Maas alertaba de que “cualquier diálogo de futuro entre la UE y Turquía pasa por el abandono de estas provocaciones”.

A su lado, su homólogo Nikos Dendias, dejaba flotar la amenaza de sanciones: “La UE es el mayor socio comercial de Turquía y, si quiere, puede crearle un problema enorme a la economía turca”.

Al amparo de su eterna candidatura a la UE, Turquía, con un salario mínimo de 295 euros, disfruta de exención de aranceles en la UE, algo que le ha permitido mantener tejido industrial, como acaba de demostrar, como exportadora de mascarillas y respiradores. Muchas empresas europeas, singularmente alemanas, han integrado a Turquía en sus cadenas de producción.

El diario sensacionalista alemán Bild especulaba ayer con que la intervención de Merkel habría “evitado una guerra” cuando “dieciocho barcos turcos ya estaban en camino”, rumbo a la pequeña isla griega de Castelórizo”. Dos cazas turcos habrían sobrevolado el islote de Strongyli.

Turquía ignora unilateralmente estas islas griegas para delimitar su zona económica exclusiva solo a partir de su propia plataforma continental. “De una isla de 10 kilómetros cuadrados, a dos kilómetros de nuestra costa y a 580 kilómetros de la Grecia continental no se pueden derivar 40.000 kilómetros cuadrados de aguas territoriales”, protestan en el Ministerio de Exteriores turco. Dicha isla es Castelórizo, la más remota de Grecia y, en su día –como Castellroig–, la posesión más oriental de la Corona de Aragón.

Cabe señalar que las exploraciones sísmicas son el paso previo a la prospección de hidrocarburos, que en este caso pueden ser realizadas por el mismo buque, que toma el relevo al Barbarroja , que abrió la veda a finales del año pasado. Y que Oruç Reis (en castellano Aruj), era el hermano mayor del pirata Barbarroja , nacido en Lesbos, que aterrorizó las costas catalanas –entre otras– en el siglo XVI.

Mañana el presidente Erdogan reabrirá Santa Sofía como mezquita, en el aniversario del tratado de Lausanne, por el que casi todas las islas otomanas pasaban a Grecia. La denuncia de este es su nuevo caballo de batalla.

Una perspectiva que aterra a Atenas, víctima propiciatoria de la creciente capacidad de disuasión política y militar de Turquía, unida a su condición de portera de la emigración a la UE. Terreno en el que despunta también en Libia, donde el año pasado firmó una ventajosa delimitación marítima con el gobierno de Trípoli, que todo se lo debe a Ankara.

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