American Curios

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Marchas, acciones de desobediencia civil, canciones de lucha y esperanza, reverendos y líderes de derechos civiles arrestados, todo en demanda por nada más y nada menos que lo que se supone es el principio más elemental de cualquier lugar que dice ser una democracia: el derecho al voto.

Estas escenas no son de hace más de 50 años, aunque algunas de las mantas, canciones y hasta participantes sí lo son; es en estos últimos días que reaparece, por necesidad, el movimiento por el sufragio efectivo en el país que pretende ser el modelo de la democracia para el mundo. Ahí estaba el reverendo Jesse Jackson, joven lugarteniente de Martin Luther King, el reverendo William Barber y la reverenda Luz Theoharis, quienes encabezan la Campaña de los Pobres (resucitando la última iniciativa de lanzada por King antes de ser asesinado). A las acciones del pasado fin de semana en Texas, se sumó Luci Baines Johnson, la hija del presidente Lyndon B. Johnson, quien promulgó en ley – con King como testigo a su lado– uno de los grandes triunfos del movimiento de derechos civiles de los 60: la Ley de Derechos al Voto de 1965. Ahora, medio siglo después, llama a defender ese logro.

Junto con esa demanda, también hay otras contra leyes y medidas que obstaculizan el ejercicio democrático básico de que la mayoría gana: en particular la maniobra parlamentaria en el Senado conocida como el filibuster, que es empleada por la bancada minoritaria para frenar intentos de la mayoría para aprobar legislación. En estas últimas semanas, los republicanos han amenazado con usarla con el fin de frenar dos proyectos de ley para restablecer derechos al voto, así como otros proyectos de asistencia social para los pobres y los migrantes, entre otros.

Estamos atestiguando una insurrección política, declaró el reverendo Barber al indicar que esta campaña continúa movilizándose en 40 estados y sumando a nuevas voces –incluyendo ahora el Consejo Nacional de Iglesias, representando a 38 congregaciones nacionales protestantes– y que exige la restauración de la Ley de Derechos al Voto, el fin del filibuster, un incremento del salario mínimo a 15 dólares la hora y trato digno a 11 millones de migrantes indocumentados. Vemos la conexión entre este ataque contra los derechos al voto y todos los otros temas que importan a los 140 millones de pobres y personas de ingresos bajos en este país, subrayó.

Hasta la fecha, 18 estados controlados por el Partido Republicano han promulgado 30 leyes para suprimir y limitar el voto desde el año pasado; se han impulsado más de 400 proyectos de ley en casi todos los estados para suprimir el voto. Estas iniciativas son atinadas directamente contra el voto de los pobres y de minorías –sobre todo afroestadunidenses, latinos e indígenas– así como el de los jóvenes. Los estrategas republicanos saben que no pueden mantener el control sobre varios estados o ganar elecciones nacionales sin esfuerzos para desalentar y suprimir el voto de estos sectores.

No es nada nuevo. Al nacer esta república, el derecho al voto fue otorgado sólo a los hombres blancos con propiedades, y la supresión de éste está íntimamente ligado a las raíces racistas y xenófobas que siguen envenenando y ensangrentando a este país hasta hoy día. Una de las principales justificaciones para limitar el voto es evitar el fraude electoral –algo que es microscópico– y se argumenta, sin sustento, que muchas elecciones –incluyendo las presidenciales– son fraudulentas por la participación ilegal de migrantes.

Pero tal vez lo más asombroso es que la cúpula de este país que no ha logrado garantizar el sufragio efectivo (vale recordar que el voto para elecciones presidenciales no es directo y por lo tanto, la mayoría no necesariamente determina el ganador), y que requiere de un movimiento nacional para luchar por el derecho al voto, aún no se avergüenza en proclamarse juez y jurado de la democracia en otros países.

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