Afganistán y la crisis de los submarinos marcan el inicio de la Asamblea General de la ONU

Afganistán y la crisis de los submarinos marcan el inicio de la Asamblea General de la ONU

20/09 El secretario general del organismo, António Guterres, insta a EE UU y China a recomponer su relación “completamente disfuncional”

El presidente de EE UU, Joe Biden, se estrenará este martes en la Asamblea General de la ONU, la cita diplomática más importante del año, en un clima enrarecido por la atropellada retirada de sus tropas de Afganistán y la crispación que el anuncio de una alianza defensiva con Reino Unido y Australia ha causado en muchas cancillerías y sobre todo en Francia, la más damnificada por la entente. En la primera cita semipresencial del organismo desde la pandemia, Biden devolverá a EE UU como hijo pródigo al foro multilateral que Donald Trump ninguneó, pero ambas crisis, y en especial la segunda, amenazan con opacar la convocatoria y comprometer meses de gestiones diplomáticas.

Entre llamamientos a la contención por parte del secretario general de la ONU, António Guterres, y la airada reacción de París, por el perjuicio que el pacto de seguridad tripartito ha supuesto para su industria de la defensa, Biden intentará tranquilizar a un aliado principal como Emmanuel Macron, en paralelo a los esfuerzos pretendidamente conciliadores de Londres. De hecho, el mandatario dijo hoy estar “impaciente” por conversar por teléfono con su homólogo francés, una entrevista solicitada por Washington y que según la Casa Blanca podría tener lugar “en los próximos días”. París necesita “explicaciones y aclaraciones” antes de descolgar el teléfono, ha replicado el jefe de la diplomacia, Jean-Yves Le Drian.

La estela del conflicto de Afganistán definirá el discurso de Biden ante el plenario, al que intentará convencer de que el fin de la intervención militar en el país centroasiático marca el inicio de un nuevo capítulo de “diplomacia intensiva”, en definición de la Casa Blanca, congruente con su decidida apuesta por el multilateralismo. Pero aunque Afganistán y el pacto tripartito acaparen todos los focos, en el ambiente flota una amenaza de consecuencias mayores: una nueva guerra fría en la que China ocupe el papel que antaño representara la Unión Soviética.

Frenar la ambición hegemónica y expansionista de China es el objetivo último del pacto de seguridad anunciado la semana pasada por Australia, Reino Unido y EE UU -conocido como Aukus, por el acrónimo de las iniciales inglesas de los tres países-, en detrimento de Francia y sus colosales intereses diplomáticos y comerciales. Un encargo previo de Australia para renovar su flota de submarinos, por un importe de 60.000 millones de dólares y que el pacto de la angloesfera ha dejado en suspenso, ha encolerizado al Elíseo. El perjuicio no es sólo económico, sino de imagen, ese aspecto que tanto cuida la diplomacia, pues el convenio se negoció de espaldas a París, que el viernes llamó a consultas a sus embajadores en Washington y Canberra, y, por extensión, a la Unión Europea. Los ministros de Exteriores de la UE tenían previsto hablar este lunes en Nueva York en los márgenes del foro multilateral acerca de la que ya se conoce como “crisis de los submarinos nucleares”, en referencia a la nueva flota prometida por Washington y Londres a Australia.

Más allá de las buenas palabras, en su conversación telefónica con Macron, Biden no tiene previsto ofrecer compensación alguna a Francia por la cancelación del acuerdo y menos aún dar marcha atrás en lo anunciado. “Lo que hará el presidente en esa conversación es reafirmar nuestro compromiso de trabajar con uno de nuestros socios más antiguos y cercanos en una serie de desafíos que enfrenta la comunidad global”, indicó este lunes la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki. Un perfecto ejemplo de lengua de madera, la expresión más aquilatada de la diplomacia. Con respecto a una eventual guerra fría, Biden no pretende entablar ninguna con ningún país, ha subrayado la portavoz. “Nuestra relación con China no es una relación de conflicto, sino de competencia”.

Pero, consciente de que lo importante no debería distraer de lo urgente -o lo ruidoso, las dos características de la polvareda levantada por el pacto tripartito-, el secretario general de la ONU ha dirigido un mensaje meridiano, a medio camino entre la recomendación y la advertencia, a Washington y Pekín, instándoles a recomponer su relación “completamente disfuncional” antes de que la tensión entre ambos países arrastre al resto del planeta a un conflicto global.

Como anfitrión de la Asamblea, Guterres ha sugerido que las dos principales potencias mundiales deberían colaborar en la lucha contra el cambio climático y negociar de una manera más abierta sobre cuestiones comerciales y de tecnología, aunque persistan las discrepancias de criterio en temas como los derechos humanos, la seguridad en la Red o la soberanía del mar de la China Meridional, cuyas aguas Pekín reclama como propias. Pero, “desafortunadamente, hoy sólo hay confrontación” entre ambos países, ha dicho el secretario general de la ONU en una entrevista a la agencia AP con motivo de la 76ª Asamblea. El debate estará marcado por dos desafíos globales, la pandemia y la lucha contra el cambio climático, más el eco de la crisis humana desatada en Afganistán tras la retirada de las fuerzas extranjeras.

Estaba previsto que la intervención de Francia, con un mensaje de Macron grabado en vídeo, tuviese lugar este martes, al igual que la de EE UU, según el orden del día provisional adelantado la semana pasada por la ONU. Pero el enfado del Elíseo es de tal calibre que el presidente podría delegar en su ministro de Exteriores y aplazar su intervención hasta el último día de la Asamblea, el lunes 27, según adelantaba hoy el diario The New York Times. La agenda oficial de las 24 horas que Biden pasará en Nueva York no deja lugar a dudas sobre sus prioridades, y Francia no parece ser una de ellas. A un primer encuentro bilateral con Guterres, en la tarde de este lunes, y su discurso ante el plenario, a media mañana de este martes, seguirá una reunión con el primer ministro australiano, Scott Morrison, antes de regresar a la Casa Blanca para entrevistarse con el primer ministro británico, Boris Johnson. Más madera para el fuego de las suspicacias y los agravios de París.

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