Acuerdo UE-Mercosur: Alemania quiere que se ratifique, pero ¿podrá lograrlo?

Acuerdo UE-Mercosur: Alemania quiere que se ratifique, pero ¿podrá lograrlo?

29/06 - 12:00 - Las chances de que el acuerdo UE-Mercosur gane aceptación con la presidencia de Alemania en el Consejo Europeo, a partir del 1 de julio, son mínimas. Los obstáculos siguen siendo muchos.

Alrededor de 60 organizaciones no gubernamentales llamaron este lunes (29.06.2020) a protestar contra el acuerdo Unión Europea-Mercosur ante la sede del Gobierno alemán, la cancillería, en Berlín. La semana pasada, cinco organizaciones europeas defensoras del medioambiente y los derechos humanos presentaron una solicitud ante el defensor del pueblo de la UE a fin de que se frene el proceso de ratificación del tratado.

El motivo de la movilización es que las asociaciones civiles quieren aumentar la presión para evitar que se lleve a cabo el acuerdo. La aceleración de las protestas se da porque Alemania asumirá el 1 de julio la presidencia del Consejo Europeo, y este país quiere impulsar el acuerdo comercial con los países del Mercosur: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. La canciller alemana, Angela Merkel, ya declaró públicamente varias veces su intención de hacerlo. También desde el Ministerio alemán de Asuntos Exteriores se espera que avance el proceso de ratificación de dicho acuerdo. Según ese ministerio, los países del Mercosur son socios importantes de la UE, tanto a nivel geopolítico como económicamente, y Alemania desea, sin lugar a dudas, fortalecer esos lazos.

El acuerdo debe ser aprobado por todos los 27 Estados miembros de la UE, así como por el Parlamento Europeo, pero las chances de que eso suceda son pocas en este momento. Tres parlamentos europeos anunciaron que no aprobarán el acuerdo. Se trata de Austria, Holanda y la región de Valonia, en Bélgica. Sus argumentos son los mismos que los de las organizaciones no gubernamentales.

Agricultores temen pérdidas y daños al medioambiente

Brasil, bajo el gobierno de Jair Bolsonaro, está en el centro de las críticas. Por un lado, porque la protección del ecosistema y del Amazonas no se acentúan lo suficiente en el acuerdo UE-Mercosur. Faltan mecanismos de sanciones para el caso, por ejemplo, de que Brasil no tomara medidas contra los incendios en la Amazonía, o siga permitiendo a los grupos de explotación minera que invadan las reservas indígenas. Los que están en contra del tratado también citan los ataques del actual gobierno de Brasil contra el Estado de derecho, los derechos humanos y el orden democrático.

Por otra parte, los agricultores y los consumidores europeos rechazan el aumento de cuotas para importaciones agrícolas de Sudamérica, previstas por el tratado, reclamando que en la región los estándares para el uso de pesticidas, así como para evitar la destrucción de espacios naturales a manos de grandes consorcios agrícolas, son menos estrictos, y que los grupos de presión agrarios tiran del mismo carro. Francia, Irlanda y la región belga de Valonia temen que los agricultores y ganaderos locales sufran pérdidas a partir del momento en el que a los agricultores sudamericanos se les permita exportar sus productos sin aranceles aduaneros. Sobre todo los ganaderos están intentando presionar masivamente para frenar la ratificación del acuerdo UE-Mercosur.

Los representantes de la industria europea, además, prevén que las negociaciones no conduzcan nunca a un acuerdo, como en el caso del TTIP, el controvertido Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión con EE. UU.

Promesas de beneficio para la industria europea

El acuerdo UE-Mercosur crearía, con 780 millones de consumidores, el mercado más grande del mundo, con cerca de un 25 por ciento de todo el rendimiento económico mundial. El tratado sería, desde el punto de vista económico, el más importante que la UE haya ratificado hasta el momento. Para las empresas europeas se abre en Sudamérica un mercado con 260 millones de consumidores. Especialmente beneficiada se vería la industria alemana, dado que se aliviarían las cargas a las exportaciones hacia los países del Mercosur. Los actuales aranceles aduaneros, por ejemplo, para automóviles, máquinas y productos químicos, se anularían gradualmente. Solo por eso, las empresas alemanas ahorrarían alrededor de 4.000 millones de euros por año.

Es posible que, ante la resistencia de algunos países miembros, se reaccione con acuerdos adicionales fuera del acuerdo oficial. En el caso del Acuerdo Económico Comercial Global con Canadá, en 2016, se registraron cuestiones de interpretación importantes en una declaración política por separado, y ese podría ser un modelo para el acuerdo UE-Mercosur.

Pero el tiempo vuela, y en estos momentos se le están dando las últimas correcciones a este amplio acuerdo comercial, y se está traduciendo a varios idiomas oficiales de la UE. A más tardar a fines de 2020, más bien a mitades de 2021, podría estar listo para ser presentado a votación. Pero aún está por verse si la UE tendrá espacio y tiempo para ello, junto con las negociaciones por el "brexit". Algo de lo que se duda ahora.

Argentina frena la euforia UE-Mercosur

También en Sudamérica la euforia inicial ha dado lugar a una actitud más moderada: Argentina, con el gobierno de centro-izquierda de Alberto Fernández, introduce controles de precios, de divisas, así como al comercio y al capital, que son diametralmente opuestos al libre comercio. Brasil anunció que no se orientará de acuerdo con el socio más lento, sino que, de ser necesario, también podría aplicar un modelo flexible de ratificación. Después de eso, los cuatro países del Mercosur tendrían la posibilidad de poner en práctica el acuerdo con la UE a diferentes velocidades.

El ministro brasileño de Economía, Paulo Guedes, considera que el acuerdo podría ser un catalizador para las reformas económicas de Brasil. Ese país espera poder más que duplicar sus exportaciones hacia Europa hasta 2035, hasta los 100.000 millones de dólares. Y sin libre comercio, eso sería imposible.

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