Acuerdo de Gobierno en Israel para echar a Netanyahu tras 12 años de poder

Acuerdo de Gobierno en Israel para echar a Netanyahu tras 12 años de poder

El dirigente centrista Yair Lapid y el derechista Naftali Bennett encabezarán la coalición más heterogénea en la historia de Israel, que aún debe ser votada en la investidura, para echar a 'Bibi'

Como reflejo del enorme drama político en Israel, el líder centrista Yair Lapid anunció la formación de Gobierno 35 minutos antes de expirar su mandato. Las alianzas contra natura plasmadas en arduas negociaciones del líder de Yesh Atid con siete partidos (de izquierda, derecha, centro e, incluso, uno árabe) dan paso al pacto de una coalición tan inusual como el efecto que puede causar: la marcha de Benjamin Netanyahu del poder tras 12 años seguidos en un país en el que los niños no conocen otra persona ocupando el cargo de primer ministro.

El parto del acuerdo ha sido tan complejo que hizo peligrar el nacimiento de la criatura concebida por Lapid, que lo anunció in extremis al presidente Reuven Rivlin. «Me comprometo a que este Gobierno sirva a todos los ciudadanos de Israel, tanto a los que nos votaron como a los que no; respetará a sus opositores y hará todo lo posible para unir y conectar todas las partes de la sociedad israelí», afirmó satisfecho.

Con todo, hasta la investidura prevista en 10 días, el Likud intensificará la presión sobre algunos diputados del pequeño partido derechista Yamina para que no voten a favor, intentando frustrar que su líder, Naftali Bennett, encabece el Gobierno los primeros dos años antes de dar el relevo a Lapid.

Como una crisis sin precedentes (cuatro elecciones y un fracasado Gobierno de rotación en dos años) se arregla con fórmulas sin precedentes, Lapid ha pactado con partidos de muy distinta ideología unidos sólo en el deseo de desalojar a Netanyahu de la residencia oficial de la calle Balfour de Jerusalén. Le acusan de ser el responsable de la crispación interna y la parálisis política, y recuerdan su juicio por corrupción.

Los dos partidos centristas Yesh Atid (17) y Azul y Blanco (8), los dos de izquierda -Meretz (6) y Laborista (7)-, los tres conservadores -Yamina (6), Nueva Esperanza (6) e Israel Beitenu (7)- y el árabe islamista Raam (4) conforman el «Gobierno del cambio», que sería ciencia ficción sin tener enfrente la figura de Netanyahu como primer ministro y ahora quizá como jefe de la oposición. La fama de gran superviviente de la jungla de la Knéset y la extrema heterogeneidad de la coalición cosida por Lapid, dependiente de muchos hilos, llevan a recordar -algunos con temor y otros con esperanza- que nada es definitivo hasta que 61 de los 120 diputados le voten a favor.

La gran diversidad ideológica del Gobierno es también su gran debilidad. Lo sabe Netanyahu, que al frente de un compacto bloque conservador y ultraortodoxo -formado por 52 diputados- hará todo lo posible para provocar tensiones y divisiones que arruinen la startup de Lapid y Bennett. Como toda empresa emergente tecnológica, combina originalidad, atrevimiento y riesgo. Hasta que asuma las riendas de Israel en dos años, Lapid ejercerá de número dos del Gobierno, titular de Exteriores y sobre todo bombero que apague los garantizados fuegos en la coalición.

ROTACIONES
El primero en asumir la jefatura del Gobierno será Bennett, sin apenas apoyos en el Parlamento y en la propia coalición. En los comicios del 23 de marzo obtuvo sólo siete escaños, de los que uno ya se ha desmarcado en protesta por incumplir la promesa electoral de no pactar con la izquierda, no basarse en un partido árabe ni estar bajo la batuta de Lapid. Nunca un político había conseguido tanto con tan poco en Israel aprovechando que sus escasos soldados son imprescindibles. El precio que Bennett paga para ser primer ministro es la firma del divorcio con su base nacionalista.

Por primera, vez un partido árabe es firmante fundacional del Gobierno del Estado judío. Tampoco se recuerda un Ejecutivo con tantas mujeres (8). Nunca antes el izquierdista Meretz abrazó a un líder identificado con las colonias como ahora, aunque no por amor sino por la contribución de Bennett a que la izquierda pacifista vuelva al poder tras 30 años de ausencia. «No es un Ejecutivo convencional, pero ¿cuál es la alternativa? ¿Que siga el imputado por corrupción como primer ministro? ¿Nuevas elecciones para volver al mismo punto?», afirma su líder, Nitzan Horowitz, que será ministro de Sanidad en un país donde no hay ni rastro de la pandemia.

La Knéset debe aprobar el Gobierno pero en ningún caso lo hará con la abrumadora mayoría lograda por el ex líder laborista Isaac Herzog, que con 87 votos a favor se convirtió este miércoles en el undécimo presidente de Israel. Rivlin inició la jornada felicitando a su sucesor y la acabó presidiendo la final de la Copa a la espera de la llamada de Lapid, que llegó en el minuto 90. Doble felicidad para el líder centrista ya que su Maccabi Tel Aviv se hizo con la Copa.

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