Académicos, PIT-CNT y pequeños empresarios comparten preocupaciones sobre los efectos de avanzar en el TLC con China

Académicos, PIT-CNT y pequeños empresarios comparten preocupaciones sobre los efectos de avanzar en el TLC con China

Según evaluaron los economistas Gustavo Bittencourt y Pablo da Rocha, el acuerdo comercial pondría en riesgo entre 25.000 y 35.000 puestos laborales de sectores industriales en Uruguay.

Académicos y referentes de organizaciones sociales intercambiaron sobre los posibles escenarios de cara a un eventual tratado de libre comercio (TLC) con China, en el seminario “Made in China” organizado por la Fundación Friedrich Ebert y el Programa de Estudios Internacionales de la Universidad de la República (Udelar) este jueves. Según las estimaciones que se plantearon, este acuerdo bilateral beneficiaría casi exclusivamente al sector agroexportador, a la vez que pondría en riesgo entre 25.000 y 35.000 puestos laborales de sectores vinculados a la industria.

“No estamos aquí para decir que un posible acuerdo con China no tenga ninguna potencialidad positiva. Obviamente que la hay, el tema es que a nosotros no nos preocupa quiénes van a ser los ganadores, sino quiénes van a ser los perdedores y qué procesos vamos a impulsar para dar una respuesta satisfactoria a estos trabajadores”, sostuvo en su exposición el asesor económico del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT, Pablo da Rocha. En ese sentido, el economista señaló que la postura de la central sindical es que hay una “única opción necesaria, que es avanzar conjuntamente con el Mercosur”.

En la misma línea se manifestó el presidente de la Asociación Nacional de Micro y Pequeñas Empresas (Anmype), Pablo Villar, quien señaló que la gremial no ve “un camino cierto y posible dentro de un TLC con China, por fuera del Mercosur, rezagando los posibles avances hechos por una figura imperfecta como es el Mercosur, pero que permitió y va a seguir permitiendo hacer otros posibles acuerdos regionales o más globales”. Villar habló en nombre de “los sectores más vulnerables en la interna”, en referencia a las micro y pequeñas empresas en el ecosistema empresarial uruguayo, pero también de “los sectores más vulnerables en un futuro en el cual estos acuerdos tomen vuelo y se concreten”.

El titular de Anmype, que se desempeñó en el segundo gobierno del Frente Amplio como director nacional de la Pequeña y Mediana Empresa, también consideró que hay una “cuasi ingenuidad” en “la postura uruguaya de pensar que Brasil nos va a acompañar en esta aventura”, en referencia a la negociación con China por fuera del Mercosur. A su entender, “tenemos que negociar como bloque y como región, porque nos va la vida en el desarrollo de la región y del continente, más allá de ser una perla enclavada en una posición estratégica”.

Gustavo Bittencourt, investigador y docente de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar, planteó que hay una “subestimación” de los “efectos negativos de los escenarios que implican la ruptura del Mercosur” si los socios del bloque rechazan la intención de Uruguay de negociar de forma individual. Dijo que estos efectos negativos alcanzarán, esencialmente, a “un conjunto de ramas que dependen de la estructura de protección regional”. Señaló que “frente a la carencia de programas de reconversión a largo plazo, a lo que nos enfrentamos es a la probable muerte de algunos de estos sectores, o a una caída importante”. Entre los rubros afectados, mencionó al sector automotor, papel y cartón, plásticos, químicos, entre otros; “sectores que tienen que ver con la industria que utiliza insumos importados y podrían jugar un rol muy importante en la diversificación productiva”, los que evaluó abarcan unos 25.000 puestos de trabajo.

En tanto, Da Rocha dijo que, según sus estimaciones, hay una cifra de 35.000 trabajadores “que podrían estar potencialmente en riesgo”, precisamente de los sectores mencionados por Bittencourt. Por tanto, consideró que es en ese conjunto que se debe “focalizar los esfuerzos” y que “la dimensión de análisis” del tratado con China no puede ser meramente “económica”, sino que se debe “incorporar una dimensión social, porque la fuerza de trabajo es una mercancía, pero el trabajo no”.
También consideró que el Estado uruguayo debería tratar el tema como una “política pública”, inspirada “en fines y cometidos sociales” y a través de “un debate participativo, amplio, y hasta, en algún punto, vinculante”.

“Un escenario cercano a la ruptura”
La directora de la Cátedra de Estudios sobre China de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Argentina), Juliana González Jauregui, resaltó que el anuncio de Uruguay de ir hacia un posible TLC con China se produce en un marco de “desacuerdo” en América Latina y, sobre todo, dentro del Mercosur, “que impulsa acciones unilaterales” en materia económica. Dijo que se trata de un contexto marcado por una “ausencia de coordinación regional, fragmentación y esquemas de cooperación e integración que persiguen objetos divergentes”.

Bittencourt agregó que un escenario de TLC entre Uruguay y China sin la autorización de los socios del Mercosur sería “un escenario cercano a la ruptura” del bloque. En ese sentido, consideró que el discurso del presidente Luis Lacalle Pou “parece, a veces, dar esa señal; uno espera que sea más impericia diplomática que otra cosa, pero no parece conveniente decir de cuerpo suelto „si no nos siguen, seguimos solos‟”, manifestó.

El economista también advirtió que sin autorización de los socios del Mercosur se perderían “fuertemente las exportaciones a Argentina y Brasil”, lo cual pondría “en compromiso directamente a una serie de sectores, especialmente a sectores industriales que han venido sobreviviendo en función de esas exportaciones”. No obstante, difirió de los otros exponentes sobre un punto: negociar un TLC con China en bloque también implicaría “la competencia de exportaciones chinas con las exportaciones uruguayas a estos mercados, lo que puede implicar un deterioro también de más o menos los mismos sectores, que se verían comprometidos con un escenario rupturista”. Por ende, concluyó que “el mejor escenario es negociar [bilateralmente] con la autorización” de los socios, aunque consideró que esta posibilidad es “bastante improbable”.

“No es un camino inclusivo”
Otro punto sobre el que no hubo diferencias refirió a quiénes serán los beneficiados ante un acuerdo de este tipo y sus consecuencias en la matriz productiva. Para Da Rocha, el principal “riesgo” es “agudizar” la “matriz exportadora esencialmente de bienes de origen primario” que caracteriza a la producción nacional. “Y lo que es peor”, añadió, “alejarnos de la posibilidad de un proyecto que implicaba aprovechar las ventajas comparativas a partir de esta matriz agroexportadora para ir consolidando áreas estratégicas de mayor valor agregado, que nos permitan avanzar hacia otra nueva matriz”.

En la misma línea, Villar reflexionó: “¿Qué más va a vender Uruguay a China con un rápido TLC? Prácticamente lo mismo que estamos exportando, porque no tenemos capacidad de multiplicar esa producción instantáneamente, ni en el mediano plazo, con la única consecuencia positiva que esos sectores exportadores van a tener mayores ganancias”. Consideró que, de esa manera, no se estará “agregando valor a la sociedad” ni “desarrollo humano”, sino “simplemente, favoreciendo a los sectores que hoy están exportando a China”. “No es un camino inclusivo. Estamos totalmente de acuerdo en que en ese sector primario también hay valor agregado, pero no puede ser la única producción.

Primero, porque no todo el país y no todo el empleo está vinculado a esa producción, y segundo, porque no son sectores que derraman para la totalidad de la sociedad”, apuntó.

En la misma línea, Bittencourt dijo que “profundizar las relaciones económicas y de cooperación” con China “debe ser un objetivo estratégico para el desarrollo económico uruguayo”, pero “para que las relaciones comerciales tengan un impacto positivo sobre el crecimiento de largo plazo, deben implicar, necesariamente, una diversificación de las actividades exportadoras, con mayor elasticidad de ingreso de la demanda de exportaciones y con aumento permanente de la productividad”. Por tanto, subrayó que “entre las grandes dudas, uno encuentra la probable sobrevaloración de los impactos del crecimiento agroindustrial en las exportaciones a China sobre la dinámica a largo plazo de la economía uruguaya”, puesto que “parece muy difícil que de verdad logre implementarse una transformación productiva como para incorporar cambios muy relevantes a futuro, para inducir una tasa de crecimiento elevada, que es lo que necesitamos”.

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